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martes, 12 de junio de 2012

El centro de Peñagrande


Después de haber estado este tiempo ausente, vuelvo al mundo de la blogosfera, con ganas de ponerme al día y ansiosa por leer todas las entradas que me he perdido.

Llevaba varios días pensando sobre qué escribir para mi vuelta, y es cierto que tenía y tengo algunos temas en mente pero lo que hizo que me decidiera por el que voy a tratar fue una entrevista que leí en un periódico digital a una escritora, Consuelo García del Cid, que ha trabajado en el tema y acaba de publicar un libro del llamado centro de Peñagrande.
Me horrorizó y quise conocer más sobre lo que aquella mujer contaba así que me puse manos a la obra y busqué, vi y leí.


El centro de Nuestra Señora de la Almudena, en el distrito madrileño de Peñagrande era un lugar regentado por el Patronato de Protección a la Mujer, del que era presidenta Carmen Polo. Con este último dato podemos situar fácilmente la época en que nos encontramos.
Era un centro al que iban a parar chicas jóvenes consideradas descarriadas o rebeldes. 
Existía una especie de policía femenina, mujeres simpatizantes del Régimen, que se dedicaban a identificar una posible conducta inadecuada de las menores. Estar embarazada, besar a un chico o que le gustara salir a bailar eran motivos suficientes para que una de estas agradables señoras diera parte y se procediera al ingreso de la chica. En otras ocasiones, era el propio padre el que llevaba a su hija, a la que previamente había violado.
Antes de ingresar en el centro, las chicas eran sometidas a un exhaustivo examen ginecológico donde al finalizar había dos posibilidades de diagnóstico: completa o incompleta, aludiendo a si era virgen o no.
El centro automáticamente se hacía cargo de la patria potestad hasta los 25 años (aunque la mayoría de edad se alcazaba por aquel entonces a los 21 años) de las mujeres que iban llegando.

Hasta aquí nada parece muy llamativo, salvo por la época represiva que se vivía. Pero no vayamos tan rápido.

Las chicas en el centro de Peñagrande eran vejadas, obligadas a trabajar sin descanso y sin importar el mes de gestación, humilladas, golpeadas e insultadas. Cuando se acercaba un parto, las subían a una habitación que entre las chicas llamaban “La Dolorosa”. No es muy complicado suponer por qué. Entre ellas se ayudaban a parir, y si había que practicar alguna cesárea, las monjas hacían el corte sin ningún tipo de anestesia ni calmante que ayudara a la chica a sobrellevar aquella tortura de una forma algo más digna.
Muchas de las internas cuentan como intentaban no separarse ni un segundo de sus bebés y si se ponían enfermos insistían en ir con ellos cuando el personal se los llevaba a un cuarto que llamaban “El botiquín”:  ya había ocurrido que el niño que se llevaban no volvía a aparecer,  pues su catarro se había complicado y el bebé había fallecido sospechosa y precipitadamente.
También, de vez en cuando, aparecían por el centro parejas adineradas ofreciendo dinero por algún niño, a lo que las madres normalmente se negaban. Eso sí, con el posterior parloteo e insulto de alguna monja hacia la joven madre que había declinado la oferta.

Mencionar que el  Dr. Vela, actualmente imputado por el caso de los Niños Robados, mantenía estrecho contacto con este tipo de centros.

La vida en aquel lugar era inaguantable, un verdadero infierno. Algunas muchachas llegaron a tirarse por el hueco de la escalera como la única vía de escape posible a la aterradora situación que vivían.

Peñagrande estuvo activo desde el año 1952 hasta 1983, sí sí, como lo leen, en plena democracia aún seguía activo este correccional femenino. De hecho, un testimonio de una mujer que estuvo allí interna narra como eran ellas las que empaquetaron material de Naranjito, la mascota de la Copa Mundial de Fútbol, celebrada en España en el año 1982.

Hoy en día, el centro de Nª Señora de la Almudena- Peñagrande está reconvertido en un instituto de secundaria. Apenas hay fotografías de cómo era el centro antaño (adjunto algunas de la parte que está abandonada), aunque poco a poco van apareciendo testimonios de mujeres que allí sufrieron una barbarie; también historias de hijos que nacieron en el centro y hoy buscan a sus madres. Se están creando plataformas para intentar buscar respuestas y paliar el dolor causado.


A mí, llegados a este punto, se me vienen a la cabeza varias preguntas para concluir el tema: ¿Y ya? ¿No hay ningún tipo de justicia para estas mujeres? ¿Quién va a responsabilizarse por esos maltratos?  No lo logro entender. Ánimo a todas ellas.



Algunas imágenes del horror: