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martes, 8 de julio de 2014

La valentía hecha mujer: Las Patronas


Existen en Guadalupe (también llamada La Patrona), localidad del municipio de Amatlán de los Reyes, en el estado mexicano de Veracruz, unas mujeres valientes, fantásticas y generosas. Son las llamadas Patronas.
Se llaman así además de por ser del lugar, porque en México se denomina así a alguien con autoridad, pero también a alguien que ayuda, que cuida de los que más lo necesitan.

El grupo de unas quince mujeres, desde hace ya casi veinte años, prepara cada día con sus propios recursos y alguna donación privada frijoles, arroz, sopa, agua, etc. Normalmente suelen ser alimentos de primera necesidad aunque alguna vez, si hay suerte, pueden repartir alimentos más preciados como atún, aceite o fruta.

¿Y a quién ayudan Las Patronas?

  Las Patronas además de ayudar a la gente de la zona, centran su labor en los migrantes centroamericanos que han partido de sus países de origen hacia Estados Unidos en busca, cómo no, de una vida mejor.

Cada año, alrededor de 400.000 inmigrantes intentan surcar todo el país azteca hacia su meta final. Son muchas las formas en las que realizan la travesía; a pie, haciendo autostop, en tren…
Es precisamente con este último medio como suelen pasar por Veracruz. Se cuelan agarrados/as a vagones de trenes de mercancía, como pueden, encaramados/as, dejando atrás a los suyos y adentrándose en el camino y la búsqueda de oportunidades. El recorrido está muy lejos de ser cómodo y afable. Todos rezan porque el frío y el hambre sólo pasen de puntillas y sean los únicos que viajen junto a ellos/as, y que no aparezcan las temibles y desalmadas mafias del crimen organizado, que secuestran cada año, durante su paso, a más de 20.000 personas, según la Comisión Nacional de Derechos Humanos. También muchas mujeres de las que viajan son humilladas, mutiladas y violadas por estas bandas. Otros/as, directamente desaparecen sin dejar rastro y sin que sus familias en sus países de origen sepan nada de su paradero. A muchos solo les queda suponer y desear que su familiar haya logrado cruzar la frontera y empezar de cero en el país de las posibilidades.

En este espeluznante paisaje, aparecen nuestras protagonistas, Las Patronas. Una luz en el camino, al pie de las vías del tren, del llamado Tren de las Moscas, porque es así como viajan, o La Bestia, por su tamaño y poderío.

Cada día, nuestras valientes se colocan estratégicamente para que en el momento en que pase el tren, puedan llegar a las máximas manos que esperan la ayuda. Por suerte, muchas veces, el maquinista da la señal acústica y aminora la velocidad para que la tarea se lleve a cabo con mayor éxito.

Muchas de Las Patronas han sufrido represalias y falsas acusaciones desde algunas esferas pero ellas han seguido luchando por los derechos de las personas, criticando lo que había que criticar y prestando el apoyo que creen que deben dar, totalmente entregadas a su causa, de forma completamente altruista.


El honor de ser Patrona

Cualquier alabanza y reconocimiento hacia estas mujeres se hace poco. En 2013 se les otorgó el Premio Nacional de Derechos Humanos por la labor que vienen realizando desde 1995.
Norma Romero Vázquez, portavoz del grupo, fue la encargada de recoger la honrosa medalla, denunciando la situación que viven estas personas, dejando claro además el lema que las mueve en su día a día: No hay personas ilegales.




Algunas imágenes de nuestras heroínas y su labor: 




















martes, 11 de febrero de 2014

Esterilizaciones forzosas en Perú: Diario de una barbarie.



Estando en mi casa de Gran Canaria, hace un tiempo, mientras repasaba unos apuntes de la carrera, tenía la televisión puesta de fondo a un volumen no muy alto, vamos, sin hacerle demasiado caso. Algo de repente llamó mi atención e hizo que dejara de lado lo que estaba haciendo y subiera el volumen. En la pantalla, en primer plano, salía una mujer de mediana edad, de rasgos indígenas que denunciaba con lágrimas en los ojos y la voz entrecortada la barbarie que le habían hecho.

Decidí investigar, informarme y llegar más a fondo sobre el asunto. Me enteré de que aquel horror se había llevado a cabo en varios momentos de la Historia y en varios puntos del mundo. Se trataba de las esterilizaciones forzadas.

Quiero centrarme en el caso peruano, primero, por las peculiaridades del mismo, segundo, por ser el de aquella mujer de la televisión que me conmovió e hizo que llorara y me indignara por ella y tercero, porque me apetece.

Durante el período que abarca desde el año 1996 hasta prácticamente el año 2000, bajo el mandato de Fujimori (ejem ejem) se ordenó esterilizar de forma forzosa a más de 200.000 mujeres, casi todas ellas indígenas (la mayoría Quechuas) y con pocos recursos económicos. Claro, ¿cómo iba a ser de otra forma? Todo aquel macabro proyecto estaba disfrazado de un supuesto plan gubernamental con el objetivo de controlar la natalidad de las zonas más empobrecidas del país andino.

La forma en que las afectadas explican como se les realizaron las esterilizaciones forzosas pone la piel de gallina. A pesar de que supuestamente en el plan de Fujimori estaba reflejado (en el papel y cara a la Comunidad Internacional) que la esterilización debía ser voluntaria, esto jamás se respetó. En muchas ocasiones, las mujeres eran abordadas en sus propias casas, llevadas a la parte de atrás de la vivienda e intervenidas allí, sobre la tierra, humilladas y violentadas, a veces anestesiadas (las que corrían con algo más de suerte) y otras no.

Algunas relatan como despertaban sobre un charco de sangre, doloridas y desorientadas ya estériles. Otras desaparecían misteriosamente y alguna era enterrada bajo la tierra en la que caía su sudor y que labraba con sus manos unas horas antes.

Aquello era un auténtico atentado contra la decisión, la libertad y la salud reproductiva de las mujeres.

En Perú continúa la lucha por encontrar la justicia para ellas. Hasta ahora, Victoria Vigo, una de las víctimas de las miles que han denunciado ante la Ley ha sido la única vencedora en un juicio. El médico que la esterilizó ha resultado ser el único declarado culpable aunque sigue ejerciendo la profesión y ella ha sido indemnizada con 2500 dólares. Todo ello, claramente insuficiente.

Actualmente, Alberto Fujimori se encuentra cumpliendo pena en un centro penitenciario por varias causas, además de los conocidos casos de corrupción, crímenes hacia la humanidad y violaciones de Derechos Humanos fundamentales. Él se encargaba mensualmente de pedir los informes de las intervenciones que se habían realizado, de la mano de sus ministros de Salud, entre los que destacaba Eduardo Yong Motta, Mariano Costa y Alejandro Aguinaga.

Algunas imágenes de la lucha que aún persiste y a la que hay que dar visibilidad: 





Por último, quiero y debo aconsejar un documental respecto a este tema. Yermas, de Televisión Española es uno de los mejores trabajos que he visto sobre esta temática. En él se refleja la realidad de muchas víctimas de tal horror y como aún la clase política no sabe o no quiere saber afrontar la responsabilidad que debería asumir.

Pica aquí para ver el documental.




Les dejo también una relación de artículos y páginas para quien quiera más información: 





A seguir en la lucha, aunque cada vez se haga más difícil y todo el apoyo a las mujeres afectadas.

Hasta pronto.